Si el consultor asignado deja el proyecto a mitad de camino, la continuidad depende de tres cosas definidas desde el inicio, no de improvisar después: documentación que vive fuera de la cabeza de esa persona, una cláusula de traspaso incluida en el contrato original, y reasignación dentro del mismo equipo, no un reinicio externo desde cero.
La fuga de conocimiento es el riesgo real, no la salida en sí
Según Latin Human Capital, el costo más silencioso de trabajar con talento externo no es que alguien se vaya, es el contexto que se lleva consigo cuando nadie lo documentó primero. La recomendación es tratar la documentación de traspaso como un entregable contractual desde el día uno, no como una tarea de último momento cuando alguien ya está por salir.
Qué debe estar documentado desde el día uno
Esto no se improvisa cuando alguien anuncia que se va. El avance, las decisiones tomadas y por qué se tomaron, y el estado real de cada entregable viven en el tablero compartido que ya describimos en cómo se mide el avance sin reportes de nómina, no en la memoria de una sola persona. Si la documentación depende de que alguien se siente a explicártela antes de irse, ya es tarde.
Qué garantiza el contrato si el consultor se va
El contrato original incluye qué pasa en este escenario: quién reasigna, en qué plazo, y si hay algún costo de transición. No es una negociación que empieza cuando el problema ya ocurrió, es una cláusula que ya existía antes de que el proyecto arrancara.
¿Tengo que pagar de nuevo por el trabajo de traspaso?
No debería ser así si el proyecto está bien contratado. El traspaso a la persona que reasigna es parte del compromiso original, no un servicio adicional que se cobra aparte.
¿Qué pasa si nadie más en el equipo puede tomar el proyecto?
Es una señal de que el proyecto dependía de una sola persona sin respaldo, algo que debería quedar claro antes de firmar, no descubrirse a mitad de camino. Por eso la documentación desde el día uno importa más que la reasignación en sí.



